Como el inicio de todos los empredimientos peculiares, el CascoStation no es excepción, fue una idea que fue cambiando y adaptandose a través del tiempo hasta lo que es hoy.
Todo comenzó con unas simples palabras “Vamos a abrir nuestra propia empresa!” palabras que Nicolas, uno de los socios de EpiphyCorp, dijo luego de un viaje que tuvo a Ecuador. Al parecer, pasarla mal subiendo el Cerro Chimborazo, entre la nieve, el hielo y las montañas altas pero alejado de el tranque, problemas y angustias, lo ayudó a realizar que todo es posible.
Como palabras que no son en vano, Harold las tomo muy en serio y comenzó en un seguro a planificar en su cabeza como se comenzaría a implementar y organizar el nuevo negocio.
Aunque sea tema aparte, es importante mencionar que entre estos dos socios, Nicolas es el soñador (dreamer) con enfoque a mercadeo y análisis mientras que Harold es el doer (ejecutor) con inclinación hacia los negocios y la creatividad. al parecer este tipo de relaciones son altamente efectivas. Un ejemplo comparable es el de Andrés León y Jean-Louis Siegrist, los emprendedores de Wopa! que al contar su historia y forma de trabajar, describen de manera perfecta la similitud entre su relación de socios y la de Nicolas y Harold. Cuando a uno se le ocurren ideas, a veces capaz y de relajo, el otro de una vez comienza a pensar en como implementarlas y en qué tan factibles pueden llegar a ser. Esta sinergía, fue lo que permitió que el CascoStation comenzara a concretarse ligeramente en la mente de los dos.
La idea inicial incluía la necesidad de tener una pequeña oficina, luego de investigar precios en varias áreas de la Ciudad, decidieron que la mejor opción sería el Casco Viejo, un sector del país con muchísima historia y cultura artística. Luego de mucho buscar, encontraron un área de veinte metros cuadrados, donde cabían dos escritorios y un sofá.
Para ese tiempo, varios de sus amigos, escucharon sobre sus planes y muy antojados, les dijeron: “hey, yo tengo un año trabajando sólo en mi casa; cuando tengan la oficina, me avisan y la compartimos, me ponen un escritorio allí”. así fue como poco a poco fueron reclutando a gente con quien pensában compartir su oficina privada: Jorge, un amigo programador; Carlos, otro amigo, arquitecto y al final también Johann, un diseñador web. Lo interesante del asunto es que a pesar de que todos vinieron de ramas distintas, compartían una queja en común: estaban cansados de trabajar en casa sin tener contacto con otros profesionales. Estaban frustrados de trabajar aislados.
Una noche, Harold después de invertir incontables horas en 9Gag, le entró el remordimiento de conciencia y comenzó a leer FastCompany y luego, Inc.com. En Inc, encontró una entrevista con Tony Bacigalupo, un diseñador web de Nueva York que había abierto su propio espacio de Coworking en Manhattan. La historia, resonó con el. Tony, se encontraba en una ciudad con costos de real estate súper altos; rodeado de otros freelancers cansados de trabajar aislados desde casa sin mucho presupuesto para iniciar el proyecto.
Para Harold, ese fue como el “aha moment”. Algo así como “si él pudo, yo también puedo hacerlo.” De esa manera comenzó a cambiar totalmente el plan; en vez de alquilar una oficina de menor tamaño, buscaron un espacio mucho más grande y abrirlo para que otros profesionales que quisieran, lo usaran como oficina.
Como en toda historia de empredimiento, las cosas a veces caen del cielo, son los emprendedores los que ante el miedo aprovechan las oportunidades. Este ocurrió, cuando a Harold le ofrecieron una súper oferta, una empresa donde trabajaba un amigo estaba cerrando y remataban todos sus muebles de oficina. Después de mucho titubeo, ansiedad y miedos, decidió tirarse al agua por primera vez, hizo un cheque de $1,900 por 22 sillas y una mesa de reuniones.
El espacio fue remodelado con la ayuda de Carlos Amaya, quien tiene su propia empresa de diseño y arquitectura, Tecstudio. Carlos, se encargó de convertir el lugar de un espacio frío y tradicional, a una oficina moderna, llamativa, pero cómoda, que invitara y diera ganas de venir a trabajar. Desde el inicio se tomo en cuenta los comentarios que daban los coworkers desde que abrieron, ya que la idea era que el espacio los ayudara a mejorar su productividad y dejar de perder el tiempo, al permitirles concentrarse en sus tareas.
Luego de un mes de remodelaciones, invitaron a varios amigos freelancers a conocer la oficina. A todos les encantó el lugar y la modalidad de coworking. Estos fueron los primeros miembros, los coworkers fundadores.
Esos tiempos eran los más cercanos al lejano oeste que pudieron tener. A pesar de que el área de oficina estaba habitable, no había salón de reuniones. En vez, tenían la mesa de reuniones sin armar recostada contra una pared. Y la cocina era un depósito de materiales de construcción y pintura.
Poco a poco de esta manera, nace el espacio de Coworking en Abril del 2011, con los primeros 10 miembros, una oficina en el Casco Viejo, con muchas ganas de ir a trabajar, un lugar rodeado de otros profesionales creativos.
El nombre, CascoStation, no nace hasta un par de semanas después luego de estar los miembros trabajando y compartiendo en el lugar. La personalidad de un espacio de coworking depende mucho del feeling y la química que los mismos miembros traen consigo, fue precisamente así que, nació el nombre y branding “CascoStation”, sugerido por uno de los coworkers en un día normal de trabajo.
Como pueden ver, a sido una travesía con sus altos y bajos, miedos y recompensas pero demuestra como emprender es realmente algo extraordinario que hace renacer todo tipo de habilidades que les permite lograr metas que nunca se pensaría que podrían.
Es interesante, como una idea tan sencilla como “Vamos a abrir una empresa!” se convirtieron en lo que es el CascoStation hoy un día, un área donde personas creativas e inteligentes se reúnen a compartir ideas y sueños en colaboración y beneficio de todos con grandes posibilidades de crecimiento y potencial de desarrollo.
Como dice Bono:
Who’s to say where the wind will take you
Who’s to say what it is will break you
I don’t know.
Which way the wind will blow- Kite, U2